lunes, 9 de julio de 2007

proba

A la hora de la siesta lo encontré ante el escaparate, bajo los soportales. Cabe decir, con honor a la verdad, que más bien estaba contra el vidrio de la ventana. Desde lejos se veían en su rostro un gesto ansioso. Entre él y el objeto que deseaba, sólo el cristal.
Camié hacia él hasta situarme a su espalda, para cogerlo por sorpresa, según mi costumbre. Sin pensarlo, aceleré mis pasos sobre los adoquines de la plaza. Se separó del edificio, y empezó a caminar rápidamente: tuve que precipitarme tras él durante unos segundos, pero lo alcancé, mediante una carrerrilla, antes de que llegase a la esquina.

No hay comentarios: